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(S. 51 ) 22 diciembre 2024

A LA GALLEGA: Unos se Comen y Otros Devoran

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En las profundidades más oscuras del océano político, dónde las corrientes de la corrupción fluyen como serpientes de tinta negra, existe una similitud fascinante y perturbadora entre dos criaturas aparentemente dispares: el Político Corrupto y el Pulpo. No es casualidad que ambos seres posean sistemas neurales que desafían la lógica convencional, como si la naturaleza hubiera conspirado para crear un espejo distorsionado entre las profundidades marinas y los oscuros pasillos del poder.

El pulpo, con sus nueve cerebros – uno central y ocho distribuidos en cada tentáculo – danza en una sinfonía neural perfectamente coordinada. Cada brazo piensa, siente y actúa con autonomía propia, mientras el cerebro central orquesta una compleja red de decisiones. ¿No es acaso esta misma estructura la que observamos en el político corrupto? Su cerebro principal, instalado en la cúspide del poder, mientras ocho tentáculos neurales se extienden hacia diferentes esferas de influencia: uno manipula los medios, otro acaricia los bolsillos de empresarios, un tercero falsifica documentos, y así sucesivamente, cada uno operando con una inteligencia propia y perversa.

Como el pulpo que cambia de color y textura para confundirse con su entorno, el político corrupto es un maestro del camuflaje social. Sus neuronas, distribuidas como una red de tentáculos invisibles, pulsan y vibran al ritmo de las oportunidades ilícitas. Mientras el pulpo libera una nube de tinta para escapar de sus depredadores, el político corrupto emite cortinas de humo mediáticas, declaraciones confusas y promesas vacías que oscurecen las aguas de la verdad.

La verdadera genialidad de esta evolución paralela reside en la capacidad de ambas criaturas para procesar múltiples realidades simultáneamente. El pulpo puede estar cazando con un tentáculo mientras explora con otro y se camufla con un tercero. Del mismo modo, el político corrupto puede estar firmando leyes con una mano, desviando fondos con otra, estrechando manos en eventos públicos con una tercera (metafórica), mientras sus otros “cerebros” tejen una red de alianzas oscuras y manipulaciones.

Pero quizás la similitud más inquietante sea la capacidad de regeneración. Así como el pulpo puede regenerar un tentáculo perdido, el político corrupto parece tener una habilidad sobrenatural para recuperarse de escándalos y acusaciones. Cuando un tentáculo es descubierto y cortado por la justicia, otro crece en su lugar, más astuto y sigiloso que el anterior.

En las noches más oscuras, dicen los marineros antiguos, se puede observar a estas criaturas danzando juntas en una espiral surrealista de poder y supervivencia. El pulpo, honesto en su naturaleza depredadora, y el político corrupto, una mutación evolutiva de la ambición humana, unidos en una danza macabra de cerebros múltiples y “morales flexibles”.

Y así, mientras el pulpo continúa su existencia milenaria en las profundidades marinas, su reflejo distorsionado en la superficie continúa evolucionando, adaptándose y multiplicando sus centros neurales de poder corrupto. La naturaleza, en su infinita ironía, nos ha regalado este espejo invertido: uno, una maravilla de la evolución natural; el otro, una advertencia sobre la evolución del poder humano descontrolado.

¿Quién imita a quién en este baile neuronal? ¿Es el político corrupto quien ha aprendido del pulpo, o es el pulpo quien observa y ríe desde las profundidades, viendo cómo los humanos han perfeccionado su arte de la supervivencia multicerebral hasta convertirla en una forma de vida?

Pero aquí es donde la naturaleza marca una diferencia cruel y deliciosa: mientras el pulpo gallego se transforma en un manjar celestial en las cocinas de Santiago de Compostela, hirviéndose a la perfección en cazuelas de cobre para deleite de los sentidos, el político corrupto español resulta ser una especie muy tóxica e indigesta. Por cada pulpo que se sirve en la Plaza del Obradoiro, acompañado de su pimentón y su aceite de oliva virgen extra, un político corrupto sirve su propia versión de “papeles a la tinta” en sobres marrones bajo las mesas de restaurantes de Madrid. Curiosamente, mientras el precio del pulpo se mide en euros por kilo en las lonjas gallegas, el coste del político corrupto se mide en millones desviados de las arcas públicas, una inflación gastronómica que ningún Chef Estrella Michelin podría justificar. Nuestros queridos pescadores gallegos saben muy bien que la mejor época para el pulpo salvaje es en los meses con “R“, pero nosotros, ciudadanos españoles, hemos aprendido que no existe temporada segura cuando se trata de ir a la pesca de políticos corruptos – estos proliferan en cualquier mes y en la mayoría de partidos políticos, como una especie invasora que ninguna marea roja podría detener.

Oops! perdón, ahora que lo pienso ¿era roja o era azul? la marea digo 😉

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