Al final del siglo XIX, se invento una nueva clase profesional, la de “Manager o Directivo”. Estos nuevos profesionales llamados manager o directivos a menudo tenían formación en ingeniería. Así que fueron bastante buenos optimizando la maquinaria. Veían a la tecnología como la evolución natural de los negocios, mientras a sus empleados los veían como engranajes que podían reajustar en caso necesario para aumentar la productividad.
Desde finales de la década de 1970 las empresas dejaron de ser vistas como una unidad de personas. En la actualidad, el propósito principal de una empresa es el de maximizar cada día más el valor de sus acciones. Para ello, las empresas empezaron a mirar hacia su capital humano y a tratar a sus empleados como “factores medibles y previsibles”, como si estos no tuvieran vidas propias, familias o vínculos con un determinado lugar.
En la actualidad un empleado ya no es ni siquiera un engranaje, sino una línea digital de cualquier balance que puede eliminarse con un simple clic.
Hoy, lamentablemente el burnout es muy común en la industria. Los más avanzados motores de cohetes se queman, los engranajes se desgastan y gripan, por eso no sorprende que las nuevas empresas de Silicon Valley (EEUU) cuando se fundaron, fueran llamadas tiendas de burnout, las propias empresas se anunciaban así, por su excesiva forma de trabajar. Así funcionan los negocios y las empresas desde hace años. Pero el cuerpo humano no puede correr un maratón a máxima velocidad sin deteriorarse.
La mayoría de los empleados quieren aportar algo significativo en su trabajo. Todos ellos, tienen expectativas claras y básicas. Por ello, cuando las personas vienen a trabajar necesitan saber claramente cuál es su función y esto con demasiada frecuencia ya no se aplica a los empleados de las medianas y grandes empresas.
A menudo los manager o directivos, no tratan a sus empleados como individuos humanos, solo piensan en el trabajo y no ven cómo sus empleados podrían desarrollarse a futuro. Esto produce un deterioro de la cultura de equipo y también perjudica al propio manager o directivo. Pero así es como la estructura de la empresa actual quiere que sea.
En mí opinión esta es la raíz del problema. Evidentemente, esto también es un desastre desde una perspectiva financiera. Nombran manager a alguien porque es bueno en un determinado trabajo, ahora recibe un salario mas alto por dejar de hacer ese trabajo y en su lugar hacer un trabajo para el que no esta calificado ni preparado en psicología de mando. Como resultado, la productividad de todos los demás miembros del equipo disminuye, sin embargo hay que seguir pagándoles a todos los mismos salarios.
Mientras tanto, el nuevo manager debe demostrarle a su jefe que puede lograr resultados más positivos todavía, entonces contrata a un consultor de negocios para resolver su problema, el consultor de negocios prepara un informe y a menudo ese informe no aporta nada mejor de lo bien sabido y evidente para todos, aun así y como es natural, se debe de pagar al consultor externo, otro gasto inútil de la ineptitud e ineficiencia del entramado de esta nueva clase profesional que constituyen los manager incompetentes.
“A nivel mundial, una mala gestión cuesta más de 7 billones de dólares al año”
Economic Policy Institute (EPI) EPI.ORG (2022).
Es bueno y necesario que las empresas adopten prácticas de gestión más humanas y responsables. Los manager o directivos deben seguir formación continua en liderazgo y desarrollo humano para poder comprender cómo pueden apoyar a sus empleados de la manera más leal y efectiva. Además, fomentar una cultura de transparencia y comunicación abierta mejora en mucho la relación entre manager o directivos y los empleados. Invertir en el desarrollo profesional y personal de los empleados no solo aumenta la satisfacción laboral y la productividad, sino que también reduce muy significativamente el riesgo de burnout.
Comprender y cuidar el aspecto humano es proteger la salud y la dignidad de todos los empleados, lo que inequívocamente se traduce en un aumento significativo de la rentabilidad y de la sostenibilidad de la empresa, sea a corto, a medio o a largo plazo.
josé martínez